quinta-feira, 30 de agosto de 2012

EL SENADO ESPAÑOL O LA NUEVA TORRE DE BABEL.

Mas Yahveh descendió para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando y dijo: «He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua, siendo este el principio de sus empresas. Nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros». Así, Yahveh los dispersó de allí sobre toda la faz de la Tierra y cesaron en la construcción de la ciudad. Por ello se la llamó Babel porque allí confundió Yahveh la lengua de todos los habitantes de la Tierra y los dispersó por toda la superficie

(Génesis, 11:5-9)

Recuerdo que hace mucho tiempo el redactor de estas líneas veía la película Las autonosuyas, basada en la novela homónima de Fernando Vizcaíno Casas, donde un divertido Alfredo Landa interpretaba al alcalde del pequeño municipio de Rebollar de la Mata y que, en plena transición con la clase política inmersa en el proceso constituyente, deseaba constituirse en autonomía, a cuyo fín promovió la constitución del denominado “ente preautonómico Serrano”. Una de las cuestiones que se le hacía notar era precisamente que todo territorio que aspirase a constituirse en autonomía debía tener un rasgo distintivo, como podría ser, por ejemplo, la lengua. Ni corto ni perezoso el alcalde en cuestión manifestó que en su pueblo hablaban el “farfullo”, una variante de la lengua oficial que, si el interlocutor se fijaba, “farece castellano, fero no lo es” (sic), prueba de la riqueza fonética de la lengua autóctona del territorio aspirante a constituirse en autonomía. No obstante, para el tema que nos ocupa en este post es mucho más adecuada e ilustrativa la cita que encabeza el mismo.

Y es que viene a colación la cita bíblica del Génesis para ilustrar el último despropósito que nuestra élite política, totalmente aislada en su burbuja del cristal al margen de los problemas y dificultades que acechan al común de los mortales, ha perpetrado en su última idea para derrochar inútilmente recursos públicos. Pues bien, la última ocurrencia de la clase política española ha sido el tomar las medidas para que el catalán, valenciano, gallego y euskera tengan pleno acceso a la cámara alta y los senadores de las provincias y comunidades con lengua cooficial puedan utilizar ésta en el senado. Una medida que, como se ve, quita absolutamente el sueño al españolito de a pie y que además, en tiempos de crisis y privaciones como los que corren, conlleva un coste de un millón de euros anuales. Con todas las instituciones pidiendo moderación de salarios, contención de gasto, apretones de cinturón y austeridad, una medida como esta que al ciudadano medio le trae al pairo y que beneficia a un sector ínfimo de la población, medida además, totalmente innecesaria, conlleva una dotación que bien pudiera utilizarse para otros fines. En definitiva, que en el Senado español un senador que representa al pueblo español va a poder utilizar una lengua no oficial más que en una pequeña parte del territorio.

La verdad es que quienes han acordado votar favorablemente a esa medida son de todo menos ingenuos. No importa que la Constitución española establezca que la lengua oficial del estado español es el castellano y que las distintas lenguas únicamente serán también oficiales “en las respectivas Comunidades Autónomas”, es decir, no fuera de las mismas (artículo 3 apartados primero y segundo de la carta magna); importa menos aún que las Cámaras representen al pueblo español en su conjunto (artículo 66.1). El hecho de que la inmensa mayoría de los senadores tengan que ver cómo una ínfima minoría utiliza las lenguas en una cámara de representación nacional es absolutamente hilarante y más propio de los astracanes de don Pedro Muñoz Seca y de los esperpentos valleinclanescos, pues ese y no otro calificativo merecerá la sin duda impagable imagen que ofrecerá un senador por Cataluña haciendo uso del servicio de traducción simultánea para escuchar el discurso en castellano de un senador por Murcia. Mas lo que verdaderamente importa es, como en la Babel del Génesis, cuartear una de las pocas instituciones integradoras del estado. Si el medio utilizado por Yahvé para castigar la arrogancia de Nemrod fue precisamente el confundir la lengua de todos los habitantes de la tierra obligando a la dispersión de la humanidad, se pretende con esta medida ahondar aún más en lo que el ilustre administrativista Francisco Sosa Wager denomina “estado fragmentado” pues, como bien dice el profesor Sosa, la nación no se rompe pero el estado se fragmenta. Y no se trata con esto de negar el uso de las lenguas cooficiales en sus respectivos territorios, sino que lo criticable, por absurdo, es que se proyecte el uso de esa facultad extramuros de la comunidad autónoma respectiva. En fin, que se trata de una medida que ni la gran mayoría de la población demanda, ni es necesaria y, dados los tiempos que corren, económicamente justificada.

Más derroche económico, menos austeridad y más medidas como la que aquí se critica son un ejemplo de lo que no se debe hacer, o cuando menos no en los tiempos que corren.